Los biocidas y conservantes son sustancias químicas diseñadas para prevenir el deterioro y el deterioro del material matando o inhibiendo el crecimiento de microorganismos. Ejercen principalmente su función antimicrobiana desnaturalizando proteínas, interfiriendo con la actividad enzimática intracelular o induciendo mutaciones genéticas. Estos agentes se clasifican en términos generales en dos categorías: tipos inorgánicos (como hipocloritos y sulfitos) y tipos orgánicos (como los compuestos de isotiazolinona). Los ingredientes activos representativos incluyen 2-bencisotiazolin-3-ona (BIT) y metilisotiazolin-3-ona (MIT); dentro de un rango de pH de 4 a 8, estos compuestos demuestran una eficacia significativa para erradicar los bacilos gramnegativos. En consecuencia, se utilizan ampliamente en aplicaciones que involucran pulpa de papel, sistemas de recubrimiento y pinturas antiincrustantes marinas.
Esta clase de conservantes requiere actividad antimicrobiana de amplio-espectro y estabilidad química; además, las formulaciones deben adaptarse para adaptarse a escenarios de aplicación específicos. Por ejemplo, la preservación de la pintura requiere un enfoque principal en la inhibición de las especies *Enterobacter* y *Pseudomonas*, mientras que las pinturas para cascos marinos requieren la incorporación de alguicidas. El Reglamento de Productos Biocidas (BPR) de la Unión Europea exige que las sustancias activas se sometan a una evaluación por parte de la Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA) y se incluyan en una lista de proveedores aprobados; Además, las formulaciones de productos terminados deben estar respaldadas por datos sobre su eficacia y las evaluaciones de riesgos para la salud asociadas. Las tendencias de desarrollo de la industria abarcan el desarrollo de biocidas biológicos, la aplicación de tecnologías de nanoportadores y la expansión de funcionalidades inteligentes; Se prevé que el mercado mundial de conservantes alimentarios alcance un valor de 4.034 millones de dólares EE.UU. en 2025.






