El mecanismo de acción de los conservantes antimicrobianos se basa principalmente en la alteración de las estructuras celulares microbianas y las funciones fisiológicas.
Primero, alteran la membrana celular: los ingredientes activos de ciertos conservantes antimicrobianos reaccionan con los lípidos y proteínas dentro de las membranas celulares microbianas, alterando así la permeabilidad de la membrana. Esto conduce a la fuga de contenidos intracelulares, lo que en última instancia resulta en la muerte microbiana. Por ejemplo, ciertos conservantes catiónicos pueden adsorberse en superficies bacterianas, alterando el potencial eléctrico de la membrana celular y provocando daños en la membrana.
En segundo lugar, inhiben la actividad enzimática: las enzimas desempeñan un papel fundamental en el metabolismo microbiano y participan en una amplia gama de reacciones bioquímicas. Los conservantes antimicrobianos se unen a los sitios activos de las enzimas, dejándolas inactivas; esto bloquea las vías metabólicas e inhibe el crecimiento y la reproducción microbiana. Por ejemplo, ciertos conservantes que contienen azufre-pueden reaccionar con enzimas dentro de las células bacterianas, desactivándolas.
En tercer lugar, interfieren con el material genético: el material genético de un microorganismo gobierna su crecimiento, reproducción y rasgos hereditarios. Los componentes de los conservantes antimicrobianos pueden interactuar con el ADN o el ARN de un microorganismo, alterando los procesos de replicación y transcripción y, en consecuencia, impidiendo que el microorganismo se reproduzca o sobreviva normalmente. Por ejemplo, ciertos conservantes que contienen grupos funcionales químicos específicos pueden unirse al ADN, bloqueando así su replicación. Los diferentes tipos de conservantes antimicrobianos pueden priorizar uno o varios de estos mecanismos de acción para inhibir y eliminar eficazmente un amplio espectro de microorganismos.






